Un regalo inesperado
Crónica del Jueves Santo 2026. Nazareno
Redacción: José Miguel Galán
Fotografías y Vídeos: Ángel Mª Espinosa Cuéllar
Más de cuatro siglos de Historia atraviesen en esos momentos las pupilas de los privilegiados que contemplan la estampa de la preciosa talla que, sobre su imponente paso de madera, recorre cada Jueves Santos las calles de nuestra ciudad.
La Cofradía “del Nazareno de Santa Eulalia” atesora alguna de las tallas más antiguas y veneradas de la ciudad, y guarda fielmente el tarro de las esencias de las tradiciones cofrades más emeritenses. A lo largo de las décadas ha sabido evolucionar, hacerse mas grande, sin dejar por ello de mantener su identidad y, con ella, la personalidad de una Semana Santa que, a medio camino entre Andalucía y Castilla, tiene el sabor propio que da el poso de siglos de testimonios de fe cristiana.
Cada detalle de su procesionar muestra a una Cofradía que sabe hacer las cosas y hacerlas bien. Cientos de hermanos cofrades, ya sean alumbrando con un cirio, portando sus pasos o acompañando como Damas a la Madre del Mayor Dolor forman un solo espíritu en la calle.



Cada Hermandad tiene su momento más esperado, el que concita más ilusión entre su propia “curia” y entre sus hermanos más fervorosos, sin contar el público que acude a compartir ese momento con curiosidad por ver algo diferente. Sin embargo, hay otros momentos inesperados que se descubren en cada procesión, que se nos regala sin previo aviso, y este Jueves Santos sonaban a lo lejos las señales de las diez de la noche cuando la Cofradía de “Los Castillos” asomaba por la calle Obispo y Arco.
Tras encararse frente al imponente Arco conocido como “de Trajano” dejaba atrás el gentío y el bullicio en el que Mérida disfrutaba como hacía mucho tiempo de una jornada sin tener que mirar al cielo para adentrarse por momentos en lo que pareciera un salto en el tiempo, una mirada de cada hermano cofrade hacia su interior.
La Cruz de Guía avanzaba lentamente y en silencio cuando, tras el nutrido tramo de nazarenos, aparecía el paso del Stmo. Cristo de los Remedios en un andar racheado que hacía parecer en la distancia que avanzaba sin moverse. ¡Cuánta dulzura y delicadeza en ese procesionar! El Maestro ha muerto, el Cristo, “remedio del alma mía”, pende de la cruz redentora y, en medio de la turba, esta Cofradía se encuentra con su propia intimidad en esta extrañamente solitaria calle que atraviesa en silencio.

Su rostro sereno muestra las marcas del suplicio sufrido, pero quedan en el pasado porque el Señor ha entregado su espíritu y ahora, más dos mil años después, sus discípulos sabemos que no debemos desesperar, pues en la cruz no solo hubo dolor, sino que hubo sobre todo y por encima de todo el amor del que ha dado la vida por sus amigos. Por nosotros.
Y en ese momento en que a unos pocos centímetros de ti puedes observar la imponente estampa del paso del Stmo. Cristo de los Remedios, comprendes la pequeñez del ser humano frente al Redentor.
Más de cuatro siglos de Historia atraviesen en esos momentos las pupilas de los privilegiados que contemplan la estampa de la preciosa talla que, sobre su imponente paso de madera, recorre cada Jueves Santos las calles de nuestra ciudad.
Tras sus pasos, aun filas numerosas de hermanos de luz y damas le siguen y acompañan a la Madre del Mayor Dolor que, entre el brillo de su espectacular candelería, ilumina toda ella una calle que permanecía en la más tenue penumbra. Su rostro encierra la belleza de Aquélla que sufre al ver la muerte de su Hijo y, atravesado su corazón por el puñal del pecado, clama a todos los presentes: “¿acaso hay dolor semejante a mi dolor?”.
La procesión avanza y, una vez sale de la tranquila y estrecha calle, se encamina a través de la Plaza de Santa Clara hacía el entorno de la Concatedral de Santa María donde realizará Estación de Penitencia y tomará dirección a través del corazón de la ciudad hacia su casa, donde la Niña Eulalia espera recibir a Aquél por quien entregó su vida en sacrificio.
Y así, esta noche la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno, Stmo. Cristo de los Remedios y Ntra. Sra. del Mayor Dolor nos regaló uno de los momentos más bellos, recogidos e íntimos de una tarde de Jueves Santo en la que el cielo nos permitió vivir una jornada cofrade intensa y verdaderamente emocionante.





















