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Lecciones aprehendidas, estampas de ayer

Crónica del Jueves Santo 2026. La Paz

Redacción: Ana Gaviro Gómez.

Fotografías y Vídeos: Francisco Rosco Rosco

Es el día grande, junto con el 25 de julio, de la Barriada de la Paz, y sus hijos en la diáspora emeritense –hoy acompañados por nietos y bisnietos- vuelven a poner en la calle todas esas estampas de ayer.

Ver cómo la Cofradía de la Paz, cómo la Blanca Paloma, sale desde San Francisco de Sales, cada tarde de Jueves Santo es volver a la niñez.

Los destellos del sol abrasador de este jueves sobre la corona, regalada por los suyos, recién restaurada y plateada por los talleres ciudarealeños de Orovio de la Torre, son para los que tuvimos la suerte de vivir el barrio, transportarnos a aquel maravilloso lugar de casas blancas encaladas que, en una ascendente fila perfecta llevaban a la Plaza, a las escaleras de la iglesia, a la portada flanqueada por esas singulares esculturas de los apóstoles de San francisco de Sales.

Da igual que ya no estén los soportales de la plaza o que no reluzcan los alegres, inocentes y divertidos dibujos de la fachada de la guardería municipal. El barrio late en la salida como si las mujeres que lo habitaron estuvieran saliendo de la peluquería de ‘la’ Pili, atestada en las mañanas de cualquier Jueves Santo de la década de los 70, los 80 y los 90. No importa que no haya comprado ningún ‘avio’ en ca’Alfonsa, el pan en Galán o el duro de chuches en la señora Angela.

Tampoco he entrado en ‘El Antolín’ para buscar a mi padre y a mí tío, “porque hoy hay que comer pronto”. Porque todas esas estampas del ayer vuelven. Están presentes en esa complicada y milimétrica salida del Prendimiento y la Virgen de la Paz y porque alrededor de esa portada, que nos daba miedo y nos producía admiración a partes iguales, siguen estando las mismas caras, las mismas familias, el mismo espíritu de barrio humilde, unido y agradecido que hace ya más de 30 años pasó a ser historia de la ciudad de Mérida.

Es el día grande, junto con el 25 de julio, de la Barriada de la Paz, y sus hijos en la diáspora emeritense –hoy acompañados por nietos y bisnietos- vuelven a poner en la calle todas esas estampas de ayer. Todas esas lecciones aprehendidas que se llevan en el corazón, en lo más profundo de cada uno. Y lo hacen de manera muy especial sus portadores y costaleros.

Con la misma luz de siempre. Con el mismo sabor de día grande en su caminar -cada vez más serio como hermandad, ¡qué gran trabajo está haciendo la Junta de Gobierno!- a Mérida, dirección a la Concatedral. Allí, en el corazón de la ciudad, La Paz –el barrio y la Blanca Paloma- devuelven a la ciudad que le dio vida y, desgraciadamente, muerte, el espíritu de ‘todos a una’ que siempre le caracterizó y que volverá a quedar patente en la vuelta a casa.

En ese paso imposible por el ojo del acueducto ‘Rabo de Buey’ que en otros tiempos marcaba la frontera intransitable y aislante de La Paz cuando el Albarregas se desbordaba. Y cómo en aquellos tiempos, la alegría se desborda cuando a medianoche La Paz –que estrena manto en este 2026, igual de blanco y luminoso que el anterior- entra en casa…De nuevo, estampas de ayer, lecciones aprehendidas en los corazones de barrio.