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Piano, Piano … que viene La Cena

Crónica del Domingo de Ramos 2026. Sagrada Cena

Redacción: Ana Gaviro

Fotografías y Vídeos: Marco A. Sánchez Nova y Angel Espinosa Cuéllar.

Había ganas de calle, de sol y de Semana Santa y eso se notaba. Aunque las ansias no importaron a la Cofradía que desde que puso su Cruz de Guía en la calle iba diciendo ‘piano, piano….que aquí está La Cena y vamos a bajar la revoluciones..., vamos a hacerlo bien...

El domingo amanecía brillante, radiante, exquisito. El horario de verano recién estrenado auguraba una tarde mágica de contrastes, rayos de sol y destellos dorados de primavera, inconmesurables, sobre el ligero trazado dorado del manto de Nuestra Señora del Patrocinio hasta bien avanzada la calle Sagasta.

La brisa tímida anunciaba que algo grande iba a pasar. Las horas del mediodía habían dejado una Mérida bulliciosa, expectante, alegre y dispuesta a recibir lo que desde La Argentina asomara, siempre sorprendente, por la Puerta de la Villa. Si de por sí es abrumador ver el paso de La Cena, majestuoso, sobrio, solemne bajar en este punto, este Domingo esperado lo fue aún más. Aquí,… a las puertas de la Casa Hermandad, en Publio Carisio, en un parque de La Argentina que volvía por su fueros olvidando los malos días que le tocaba vivir hace apenas unos días, en una plaza Margarita Xirgú, donde un turista, entre despistado y abrumado compartía su admiración con su acompañante… ‘si en Domingo de Ramos sacan esto, qué no hacen en Jueves Santo?

Había ganas de calle, de sol y de Semana Santa y eso se notaba. Aunque las ansias no importaron a la Cofradía que desde que puso su Cruz de Guía en la calle iba diciendo ‘piano, piano….que aquí está La Cena y vamos a bajar la revoluciones…, vamos a hacerlo bien…, vamos a saborear el momento y la ocasión, que lo merece, porque lo que llevamos encima es…sobre todo esperanza.

Y así avanzó el Misterio, con los impresionantes destellos verdes lima que, tímidos, enseñaba la monoflor y mostrando al mundo sus nuevos faroles de esquina…y así lo hizo Nuestra Señora del Patrocinio, con nuevos respiraderos y otro toque verde en el exorno, el de la anastasia, una flor hasta ahora inédita en nuestra Semana Santa.

Despacio, sin prisas, trabajando bien y gustándose,… Acogiendo a todos. Ofreciendo el abrazo eterno y reconfortante que Jesús del Amor pregona, de lo verdaderamente importante, y que convierte en diminuto el ceño fruncido, la mirada de desdén, de Judas desde el otro extremo de la mesa. Desdén y una pregunta…qué hubieras hecho tú, tal y cómo están las cosas…Un ceño fruncido que representa la realidad de nuestras vidas en una sociedad que anda deprisa, sin reparar en el que está al lado, demasiado deprisa.

Pero ayer en La Cena todo era pausado, lento, majestuoso. Un paso impecable por carrera oficial para que unos metros más adelante…se parase el mundo. Hasta las piedras del bimilenario Templo de Diana lo hicieron para admirar la conjunción de lo perfecto.

Cientos de personas, en un lugar tan recoleto y recogido, provocan un ruido atronador (sobre todo porque es cierto que los emeritenses -y los de fuera ante la mole romana- no practicamos el tono suave al hablar). Pero ayer el silencio fue abrumador. Sólo la voz de Juan Carvajal y la melodía perfecta de ‘Esperanza de María’ saliendo de las manos entrenadas de Pedro Monti, al piano dejaban entrever que aquella era una estampa en movimiento.

Cuadro perfecto para una tarde a la que se quiso unir la brisa -molesta por momentos- cuando Nuestra Señora del Patrocinio empezaba a asomar. Melodía perfecta la de ‘Mi Amargura’ para la Señora del Domingo de Ramos, a la que se sumo la algarabía de los caireles del palio al escuchar tanto silencio que ensordecer…y todo bajo la misma tónica…’piano, piano, que el mensaje que traemos es el más grande que jamás mandó la Historia’.

Era uno de los momentos más esperados de la tarde, que sin embargo no empañó no resto un ápice de protagonismo a la flauta travesera de la banda de Talavera de la Real que, desde un balcón cercano, acompañaba al resto de la agrupación mientras la Virgen del Patrocinio encaraba una calle Sagasta que ayer se antojaba más estrecha que nunca, pero tan encantadora y sugerente -empieza la vuelta a Casa- como siempre.

Queda la vuelta a casa. Ya lo hemos dicho ‘Piano, piano. No hay prisas. El barrio va a esperar tan entregado como nos ha despedido’. ‘Piano, piano’, que tenemos que agradecer una tarde tan mágica, tan redonda, tan perfecta. ‘Piano, piano’ que los nuestros se merecen la misma mecida tranquila, sosegada que hemos regalado a Mérida y los miles de ojos que ayer tarde pensaron ‘Piano, piano’…que viene La Cena!