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Un recorrido distinto para el único Dios verdadero

La solemnidad del Corpus Christi volvió a adueñarse este domingo de las calles de Mérida. Con una semana de retraso sobre la fecha habitual en el calendario litúrgico, la ciudad recuperó una de sus estampas más tradicionales en una mañana marcada por el sol, el aroma de la juncia recién esparcida y la alegría contagiosa de los cientos de niños y niñas que este año han recibido su Primera Comunión y que acompañaron el paso de la Custodia.

La procesión contó, una vez más, todos aquellos elementos que la convierten en una de las celebraciones religiosas más singulares de la capital extremeña. No faltó el histórico altar instalado por el Ayuntamiento, por el que parece que nunca pasan los años; tampoco la elegancia del altar de la Vera Cruz, presidido por la imagen de San Francisco; ni la acogedora solemnidad del altar levantado por la Cofradía de la Paz junto al Templo de Diana.

Precisamente allí, entre columnas que llevan más de dos mil años contemplando la historia de la ciudad, se vivió uno de los momentos más especiales de la jornada. Más de cuatro décadas después, el único Dios verdadero volvió a pasar junto al monumento romano, recuperando un recorrido distinto, más sombrío y fresco, que fue especialmente agradecido conforme avanzaba una mañana en la que el termómetro no dejaba de ascender.

Las calles se llenaron de fieles, representantes de asociaciones religiosas, hermandades y cofradías, auténticos pilares de la religiosidad popular emeritense. Junto a ellos desfiló la Corporación Municipal, encabezada por el alcalde, acompañada por autoridades civiles y militares que participaron en la procesión civil.

La celebración estuvo presidida por el arzobispo de Mérida-Badajoz, quien tras descender la Custodia del tradicional Templete de Plata de Santa Eulalia, y dar la bendición en la Plaza de Santa María, recordó a los presentes el mensaje de la misión pastoral de León XIV durante su reciente visita a España. Un mensaje centrado en la fraternidad, el acogimiento y el respeto a todas las personas, poniendo en valor la labor que desarrollan Cáritas y tantas instituciones y colectivos comprometidos con quienes más lo necesitan.

Finalmente, el Santísimo regresó a la Concatedral de Santa María por la Puerta del Perdón. Lo hizo entre los sones solemnes de la Banda de Música de Mérida, poniendo el broche a una mañana de fe, tradición y emoción que volvió a demostrar que el Corpus sigue ocupando un lugar privilegiado en el corazón de la ciudad.

Galería de Imágenes: Ángel Mª Espinosa Cuéllar.