TOP

Mirar con ojos nuevos. Sentir con corazón nuevo

Crónica del Descendimiento del Calvario 2026

Redacción: José Miguel Galán

Fotografías y Vídeos: Ángel Espinosa Cuéllar y Manuel Molina Bolaños.

Cuando dejan caer sobre Él lo que a ella le parece una “tela dorada” (el Sudario bordado en oro con el que procesiona cada Viernes Santo el Cristo del Calvario Yacente) sus pulmones se llenan de aire en un suspiro que se le escapa y le parece interminable

Lola tiene 12 años, se está preparando para hacer la Confirmación en un par de años y, aunque desde que hizo la primera Comunión no ha ido mucho a Misa, entrar en iglesias para ver imágenes de Jesús y conocer sobre Él le gusta y hace que en su interior vibre algo que ella no identifica, pero que sin duda es lo que llamamos Fe.

Le gusta la Semana Santa y ver las procesiones, pero en su casa no son mucho de verlas y, aunque lleva años queriendo ver las que salen de madrugada, sus padres le dijeron que hasta que no fuese al Instituto era demasiado pequeña. Este año, por fin, ha llegado el momento y puede quedarse hasta tarde con su tío para ver la procesión del silencio del Calvario.

A la 1 de la madrugada se acerca expectante calle arriba hasta la Ermita y, en ese momento, en medio del silencio reinante, oye el tañer de una campana que, en medio de la noche, acelera su corazón con cada toque. Las puertas se abren y ante ella hace su aparición el paso del Stmo. Cristo del Calvario Crucificado acompañado únicamente por sonido racheado de los pies de los costaleros sobre el suelo.

Escucha atenta las palabras del “cura del barrio”, D. Paco, que concluyen con una promesa de silencio que ella siente en primera persona. Convence a su tío para acompañar un rato la procesión y sin poder apartar su mirada de la imagen dura y tierna a la vez de Jesús ya muerto en la cruz, se une a las decenas de personas que también en silencio toman el camino hacia la Parroquia y la Concatedral.

Tras varias breves paradas en las que el silencio de la madrugada en las calles de Mérida infunde en el ánimo y el espíritu de todos los presentes un aliento que reconforta penas, problemas y preocupaciones de cada cual, llegan a las puertas de la Parroquia que, abiertas de par en par, comienzan a acoger la entrada de nazarenos, fieles acompañantes y algunos “señores” que a ella le parecen como monjes vestidos con unos colores similares a los nazarenos, pero que en realidad son los cantores de la Capilla Gregoriana del Stmo. Cristo del Calvario.

Lola entra en la Parroquia de Cristo Rey – Calvario, a la que acude a catequesis cada semana y, a lo lejos, escucha un canto que no conoce y le resulta algo “exótico” y antiguo; se trata del “Pange lingua” Hispano-Mozárabe que cada año acompaña la adoración al Santísimo Sacramento que, protocolariamente y como plasmación concreta de la Estación de Penitencia, realiza la Hermandad en el Sagrario de su Parroquia.

Unos instantes después, la procesión continúa y, aunque su tío le dice que va siendo hora de irse a casa, ella quiere continuar, porque, aunque esa experiencia no se pueda calificar como “divertida”, siente una emoción con cada detalle que disfruta pausadamente, intentando grabar cada instante en su memoria.

A partir de ahí, la cadencia continua marca el transcurrir de la siguiente hora hasta que, al llegar al centro más “movido” de la ciudad, el ruido de bares y terrazas la sacan de sus pensamientos y aprovecha para decirle a su tío que, “ya que están” se queden para poder ver el Descendimiento.

Y así, en un abrir y cerrar de ojos, llegan de nuevo a la Ermita y se aviva su curiosidad por ver ese acto que, en la madrugada, estaba reservado hasta ahora a “los mayores”.

Sus ojos no pueden apartar la vista de la imagen del Cristo y, cuando comienzan a descolgar sus brazos, cree estar viviendo algo imposible pero real. Delante de ella, el Jesús que conoce se hace real y su cuerpo es abrazado con todo el cariño y cuidado posible por un grupo de nazarenos “moraos” que, finalmente, lo depositan en la Urna que tantas veces ha visto procesionar en el Santo Entierro.

Cuando dejan caer sobre Él lo que a ella le parece una “tela dorada” (el Sudario bordado en oro con el que procesiona cada Viernes Santo el Cristo del Calvario Yacente) sus pulmones se llenan de aire en un suspiro que se le escapa y le parece interminable.

La urna es conducida por los miembros de la Capilla Gregoriana hacia el interior de la Ermita y en el camino el rostro inerte de la talla pasa a escasos centímetros de ella. Nunca ha estado tan cerca de una imagen de Jesús y puede ver con detalle sus ojos cerrados, su boca entreabierta, la sangre en su cabeza… Parece más dormido que muerto, transmite por encima de todo paz, mucha paz. No puede evitar el sentimiento de amor y agradecimiento.

De camino a casa comenta con su tío la experiencia, está emocionada, no esperaba vivir nada parecido y le comenta que nunca va a poder a mirar de igual forma una procesión. Ya ha estado dentro y sus ojos y su corazón han cambiado. Ha tomado una decisión: desde ahora quiere vivirlo cada año y sentirse parte de ello: quiere ser cofrade, quiere ser una más de “los mloraos”.