TOP

Martes Santo del Calvario, silencio. Son palabras mayores.

Crónica del Martes Santo 2026. Calvario

Redacción: Paco Vadillo Solís.

Fotografías: Marco A. Sánchez Nova y Raúl Flores Hernández

El Calvario, los moraos, salen cada Martes Santo para recordarnos quiénes somos para volver a reencontrarnos con los rincones más profundos de nuestra identidad.

El Calvario, los moraos, salen cada Martes Santo para recordarnos quiénes somos para volver a reencontrarnos con los rincones más profundos de nuestra identidad.

Si el Calvario quería poner el broche de oro a su 125 aniversario ayer cumplió las expectativas con creces. El Martes Santo del Calvario es una tradición inherente a la ciudad, forma parte de un ritual mágico, que mezcla espiritualidad y expresión cultural, y que convierte este evento en parte de nuestra identidad.

Reunirse en torno a su Ermita, junto al castellum aquae. Escuchar el murmullo de las familias de su barrio y las que llegamos desde cualquier punto de la ciudad. Ver desfilar a las bandas que se colocan en la calle Calvario para salir en procesión. Vislumbrar la marea de capirotes morados, y algunos rojos, en el patio del colegio Federico García Lorca. Mujeres de mantilla llegando al enrejado de la ermita. Decenas de costaleros y costaleras apretando sus fajas y colocando sus morcillas fuera del atrio de su ermita.

Abrazos cómplices entre hermanos y hermanas que se desean buena estación de penitencia. Inquietud, nervios. No es para menos, es Martes Santo del Calvario. Hay un silencio nervioso. Son palabras mayores en Mérida.

Los Moraos salen puntuales para recorrer las calles de El Barrio y dirigirse a su Callejón de la Amargura. Pero, antes, la salida serena desde la plaza de su Ermita representa una liturgia que da sentido a nuestra Semana Santa. A nuestras tradiciones.

Excepcional cada uno de sus cuatro pasos. Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto (la oración en el Huerto) sale, un año más, llevado de forma excepcional por sus 35 costaleros. Luis y Pablo, sobrios, dirigen esta postal que congela el alma de manera excepcional. Cuánta belleza en su caminar y en el trabajo con la gubia que realizara Pineda Calderón. Tras ellos desde Hinojosa del Duque la banda de cornetas que es el casamiento perfecto para ese rachear tan elegante.

Siguen discurriendo capirotes moraos. Porque en el Calvario todo lo amoratado, violáceo, malva o índigo se llama morao, es su identidad y el de toda la ciudad.

Llega el paso de la Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo. Vaya chicotás se marca cada Martes Santo, sobrecogedora la que realiza en plena Carrera Oficial frente al Mérida Palace. Público grabando con el móvil y muchas caras de sorpresa. La banda del Pilar de Villafranca, una vez más, sublime. Suena ‘El Hijo de Dios’ y la conjunción entre Flagelación y Virgen del Pilar es mágica, única, empastan como un solo cuerpo. Qué gusto disfrutar de la banda de El Pilar cada año en nuestra Semana Santa, ya forman parte de la propia identidad de la misma y sería difícil no disfrutarlos cada año. Felicidades.

La procesión continua. Todos los exornos florales son perfectos. Realzan cada paso. Llega el señor del Martes Santo. Nuestro Padre Jesús Nazareno va desparramando silencio y elegancia en cada chicotá. Su cuadrilla es capaz de llevarlo de una manera tan serena, tan introspectiva que convierte en oración todo lo que pasa por su lado. Únicos. José Manuel e Isidro llevan a su nazareno en el corazón y lo comparten junto a su cuadrilla con toda la ciudad. Qué privilegio tenemos de poder verle la cara cada Martes Santo.

Y tras el silencio, la explosión de música y devoción popular. Llega la Amargura a las calles de la capital extremeña con el acompañamiento de la banda de música de Talavera la Real. Mario Balanzategui, su capataz, habla constantemente con su cuadrilla. Les empuja, les anima. Son una familia que se demuestra en las calles de Mérida. Amargura que reina los 365 días del año en su calle Calvario y que cada Martes Santo reparte pasión a cada emeritense. Amargura de elegancia, sobrecoge. Nos reconcilia con lo que fuimos y lo que somos.

El resumen perfecto de una gran estación de penitencia que contó con numeroso público en gran parte de su desfile procesional. Y que regaló a la ciudad momentos para la historia, que siempre recordaremos.

El Calvario, los moraos, salen cada Martes Santo para recordarnos quiénes somos para volver a reencontrarnos con los rincones más profundos de nuestra identidad.