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Las Tres Caídas devuelven a Mérida la emoción de su Miércoles Santo

Crónica del Miércoles Santo 2026. Tres Caídas

Redacción: Celia Lafuente López

Fotografías y Videos: Manuel Molina Bolaños, Ángel M. Espinosa Cuéllar y Paco Rosco Rosco.

El barrio respondió como siempre. Calles llenas, balcones ocupados y una parroquia completamente abarrotada en una tarde luminosa que acompañó toda la salida.

Mérida necesitaba un Miércoles Santo así. La ciudad volvió a reencontrarse con una de sus estampas más reconocibles: el Cristo de las Tres Caídas cruzando el Puente Romano. También lo necesitaba el barrio, que ha permanecido fiel a su hermandad durante estos años de espera, y los propios hermanos y hermanas, que por fin pudieron volver a realizar su estación de penitencia.

Con puntualidad, la cruz de guía abría paso al cortejo de capirotes azules, marcando el inicio de la tarde. Tras ella, el silencio, salió el Cristo. Su andar, sobrio y medido, volvió a sobrecoger. Ceñido por el terciopelo rojo y acompañado por el Cirineo, avanzaba entre la multitud como una imagen viva del esfuerzo y la fe.
“El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga” (Lucas 9, 23).

El barrio respondió como siempre. Calles llenas, balcones ocupados y una parroquia completamente abarrotada en una tarde luminosa que acompañó toda la salida.

Más tarde llegaba la Virgen de la Misericordia. Muy esperada, inició su recorrido con una primera levantá dedicada a las personas que sufren Alzheimer, en un gesto especialmente emotivo. La cofradía encaraba entonces uno de sus momentos más singulares: el paso por el Puente Romano.

Allí, el atardecer volvió a regalar una imagen única. El cielo, en tonos anaranjados y rosados, se fundía con el azul de la hermandad mientras el cortejo avanzaba sobre la piedra milenaria. Una escena que resume el carácter propio de esta cofradía y su vínculo con la ciudad.

El recorrido continuó dejando momentos destacados como la pétala, el paso bajo el Arco de Trajano o las tradicionales lecturas de las Tres Caídas, seguidas por numerosos fieles.
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mateo 11, 28).

Ya de regreso, con la luna llena de Nisán iluminando la noche, la hermandad volvió a su barrio arropada en todo momento. La entrada fue, una vez más, un punto de encuentro entre vecinos, hermanos y devotos.

Como cierre, ambos pasos se situaron juntos ante su gente, en un gesto sencillo pero cargado de significado: agradecimiento, esfuerzo compartido y la sensación de que, por fin, todo había vuelto a su lugar.