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Cuando la emoción se hace memoria. Mérida abraza su alma cofrade en una noche inolvidable

XV Edición de los Premios Cofrades

Hay noches que no se cuentan, sino que se sienten. Y la Gala de los Premios Cofrades que organizan la Cadena COPE y el Ayuntamiento de Mérida fue, sin duda, una de esas noches que se quedan prendidas en la memoria como una luz tenue que no se apaga.

El teatro se convirtió en un latido compartido. En cada proyección, en cada imagen detenida en el tiempo, la Semana Santa volvió a pasar ante los ojos de todos. Instantes irrepetibles captados por el equipo gráfico de la web de la Junta de Cofradías y por el equipo gráfico del Ayuntamiento, cuya mirada silenciosa fue reconocida en varias ocasiones durante la gala. Porque sin ellos, quizá, la emoción no tendría memoria.

Abrió el corazón de la noche el presidente de la Junta de Cofradías, Luis Miguel González, entregando el primer galardón a José María Álvarez Martínez, quien en 1979 asumió el timón de una nueva etapa cofrade de la Junta de Cofradías. Fue un reconocimiento a toda una vida de entrega, a los cimientos sobre los que hoy camina la Semana Santa emeritense.

Después, el silencio se hizo más profundo cuando Fray José Rodríguez Carballo subió al escenario. En sus manos, el premio más sentido, el de la Escuela Cofrade “Pablo Barroso Sánchez”. Catorce años de trabajo, de siembra paciente, de formar generaciones, con el recuerdo inevitable del pequeño Pablo, presente en cada aplauso contenido.

La emoción dio paso al arte con la entrega del premio a Fuensanta Blanco, de manos del consejero Manuel Martín. Sincera, sorprendida, confesó no haber imaginado nunca ese momento. Su discurso, como su baile, fue puro sentimiento.

Y tras ella, la fuerza escénica de Marta Carretero volvió a elevar el pulso de la noche, antes de que el recuerdo del pregón de Paco Vadillo devolviera palabras a lo que tantas veces solo se puede sentir.

Pero hubo un instante en el que el tiempo pareció detenerse. El alcalde, Antonio Rodríguez Osuna, entregaba el premio a Berto y Mariló. Y fue entonces cuando la emoción se hizo voz en Mariló, agradecida a la ciudad, a su cofradía, a Berto, por haberle abierto un hueco en esta forma de vivir y sentir. Fue, probablemente, el momento más íntimo, más verdadero de toda la gala.

Y cuando parecía que todo estaba escrito, llegó la sorpresa. Mario Hernández irrumpía en escena, apartando con complicidad a la presentadora, Celia Lafuente, para convertirla, sin previo aviso, en protagonista. Una semblanza cargada de verdad anunciaba lo inesperado, el Premio Cofrade 2026 era para ella. Emocionada, lo recibió de manos de su madre y de su ahijada Mar, en una escena que desbordó ternura y autenticidad.

Las palabras finales del Arzobispo y del Alcalde cerraron una noche que no fue un punto final, sino un puente. Porque así son las cosas que importan, terminan para empezar de nuevo.

La gala puso broche a la Semana Santa de 2026 y, sin que nadie lo dijera en voz alta, abrió ya el camino hacia la de 2027, porque en Mérida la emoción nunca se apaga simplemente espera su momento para volver a salir a la calle.

Galería de imágenes: Francisco Rosco Rosco.