Así mismo, se marcaron como objetivo la potenciación del Pregón de la Semana Santa, el Vía Crucis y el Sermón de las Siete Palabras y la Revista de la Semana Santa.
Hay que decir que, de esa primera declaración de intenciones, han llegado hasta la actualidad todos los deberes hechos y con creces pues, además de limar asperezas, que no los piques “sanos”, en la actualidad, las autoridades religiosas colaboran, codo con codo, con la Junta de Cofradías; las autoridades civiles ayudan económica y materialmente a la misma y al desarrollo y promoción de su celebración; el pregón está plagado de importantes firmas del panorama nacional, regional y local, la Revista es un referente de calidad literaria y visual, y el Vía Crucis es, ahora mismo, el “buque insignia” de la Semana Santa emeritense… Solo quedó en el camino el Sermón de las Siete Palabras que, con el paso de los años, vino decayendo y dejó de celebrarse, aunque, como siempre, la última palabra no está dicha… nunca mejor dicho.
Se fue poniendo orden a las cosas y, a partir de la Semana Santa de 1980, establecieron que, para participar en las Estaciones de Penitencia de cada Hermandad, había que obtener una papeleta de sitio, que por aquel entonces costaba 100 pesetas. De esta manera, se rompía con la anarquía en los desfiles procesionales y se obligaba a los hermanos que se comprometían a participar a hacerlo bajo las normas de la Cofradía. Además, se establecía la obligatoriedad de ser hermano de cada cofradía para poder participar en las Estaciones Penitenciales.
En el año 1981, y aunque las hermandades pasaban obligatoriamente por la Plaza de España y la Puerta de Santa María, no había establecida ninguna “carrera oficial”. Por ello, se instituye el recorrido Puerta de la Villa, Calle Santa Eulalia y Plaza de España. Posteriormente, a partir del 2007, la Junta de Cofradías escucha las reivindicaciones de capataces y costaleros que, ante la proliferación de luminosos en la calle Santa Eulalia, denuncian el enorme esfuerzo y trabajo que deben realizar, además de las negativas consecuencias en temas de salud para los costaleros. Se decide entonces que el paso obligado sea la puerta de la Concatedral.
Volviendo a los ochenta, hay que buscar alegrías. Fruto de sus esfuerzos, en 1983, la Cadena Ser entrega a la Junta de Cofradías el reconocimiento de “Extremeños del Año” que vino a animar, como es lógico, el trabajo de los cofrades emeritenses. Posteriormente, en 1986, recibieron el premio anual del Centro de Iniciativas Turísticas (CIT).
En cuanto a las relaciones con las instituciones civiles, cabe destacar la firma del acuerdo con el Ayuntamiento de Mérida en el año 1987 por el que se fijó la cuantía de la subvención municipal que, a partir de ese año, iba a aportar la institución municipal y que se mantiene, salvo alguna que otra excepción, en la actualidad.
La potenciación de la “Procesión del Silencio” fue otro de los hándicaps de esta Junta. Ello sumado al anhelo de procesionar al Cristo de la O como titular de la Junta de Cofradías y al deseo de potenciar las estaciones penitenciales en el entorno monumental dio lugar al Vía Crucis al Santísimo Cristo de la O.
La Junta de Cofradías ha sufrido varias remodelaciones en su composición. Primero las lógicas del cambio de mandato de los Hermanos Mayores y, por otra, los cambios en la presidencia y comisión ejecutiva de la misma. Así, en el año 1992, tras la Semana Santa, José María Álvarez Martínez cedía el testigo a Alfonso Carbajo Molinero.
En este sentido, siempre habrá que destacar el trabajo de la primera ejecutiva de la refundada Junta de Cofradías, que junto a los sucesivos hermanos mayores, fue poniendo los cimientos de una Semana Santa potente en el aspecto religioso, imaginero, organizativo y turístico. Ámbito este último que, aunque no le correspondía directamente, se hacía en correspondencia a la colaboración con las autoridades municipales.
Alfonso Carbajo presidió la Junta de Cofradías hasta el año 2001. Bajo su mandato se comenzó a celebrar el Vía Crucis en el Anfiteatro. Tras su marcha tomó las riendas José Luis Mosquera Müller, que dimitió al año siguiente, teniendo que asumir el cargo hasta final de mandato José Pérez Garrido.